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EL EJERCICIO RETRASA EL ENVEJECIMIENTO CEREBRAL Un trabajo estadounidense dio un argumento más para abandonar el sedentarismo. Algo simple como un paseo a buen ritmo basta para mejorar las capacidades cerebrales y reducir el deterioro que produce el paso del tiempo. Se ha observado un aumento de la actividad en las regiones asociadas a la concentración y a los mecanismos de toma de decisiones. Los autores de la investigación, publicada en 'Proceedings of the National Academy of Sciences', dicen que estos hallazgos son muy importantes para la salud pública, ya que incluso una actividad cardiovascular moderada, al alcance de la mayoría de las personas mayores sanas, supone mejorar las funciones neuronales y puede ayudar a aumentar o extender en el tiempo la independencia de la población anciana. Los investigadores valoraron los cambios cerebrales que experimentaron personas de entre 58 y 77 años que llevaban un tipo de vida sedentaria después de ser sometidas a un programa de ejercicio por 6 meses. Según los resultados, en un espacio tan corto de tiempo se puede lograr que el cerebro aumente su plasticidad de modo que se atenúan y retrasan los efectos del envejecimiento. Los beneficios se obtienen con ejercicios que activan el sistema cardiovascular, como caminar. Al contrario, practicar estiramientos y tonificación muscular no produce el mismo efecto saludable. Los estudios en animales mostraron que los ejercicios que activan el sistema cardiovascular aumentan la superviviencia de las neuronas, favorecen sus conexiones y estimulan el crecimiento de nuevas células cerebrales. Estos cambios tienen como resultado que el cerebro incrementa su capacidad de adaptación y mejora los procesos de aprendizaje y el rendimiento. Todas las cosas que quiero hacer como leer un libro, jugar partypoker o el estudio estará a su alcance. La investigación nos ha demostrado por qué debemos seguir adelante, con el fin de cuidar de nuestros cerebros. En el trabajo estudiaron los cambios en las redes neuronales mediante técnicas de imagen cerebral de 2 grupos de individuos con un tipo de vida inactiva al comenzar el experimento. Unos debían caminar 3 veces a la semana. Al ser personas sedentarias, la intensidad de la actividad fue aumentando progresivamente; primero sesiones de 10 a 15 minutos; luego se incrementó un minuto hasta los 40 ó 45, ritmo mantenido los últimos 3 meses del estudio. Al resto se propuso un programa de estiramientos y tonificación muscular con las mismas pautas de frecuencia y progresión. A todos se les hizo pruebas de imagen cerebral al comenzar el estudio y a los 6 meses de entrenamiento. Los que caminaron regularmente experimentaron un incremento de la actividad en 2 regiones del cerebro asociadas a la concentración y orientación espacial, respectivamente. Se repitió el test de agilidad mental; los individuos que realizaron la actividad cardiovascular mostraron un 11% de mejoría respecto a sus compañeros que sólo llegaron al 2%. Los circuitos que proporciona la habilidad de pensar pueden mejorar su rendimiento con el ejercicio. Las tareas que examina el estudio son similares a situaciones reales, como conducir o una actividad que requiera mantener la atención pese a las distracciones, explica Arthur F. Kramer, uno de los autores del trabajo e investigador del Instituto Beckman para la Ciencia y la Tecnología Avanzadas (Universidad de Illinois EEUU). CAUSAS. Todavía no se determinan los mecanismos que justifican la mejoría, pero hay 2 posibilidades; el ejercicio podría incrementar las conexiones neuronales en ciertas áreas del cerebro o aumentar la circulación sanguínea en ese órgano, ya que la actividad favorece mayor entrada de nutrientes y mejor rendimiento. Según los investigadores, los efectos de la edad sobre el cerebro podrían reducirse todavía más si al ejercicio se añade otro tipo de intervención, como una dieta rica en antioxidantes. El ejercicio cuida el físico y la cabeza. Para que el cerebro funcione mejor, las articulaciones no padezcan dolores, el corazón no sufra sobresaltos y para evitar la depresión, hay que ejercitarse de forma regular. No hace falta ir al gimnasio o correr una maratón: basta una caminata diaria de media hora al día. El sedentarismo o ausencia de la actividad física necesaria para que el organismo se mantenga saludable, es causa del aumento de la mortalidad, enfermedades asociadas y discapacidad de individuos con un estilo de vida donde ocio y trabajo están dominados por el empleo del mando a distancia y la postura sentada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dedico el Día Internacional de la Salud a promover estilos de vida activos frente a la proliferación del sedentarismo, un problema de salud pública que afecta a millones, sobre todo en el mundo desarrollado. Según la OMS los modos de vida no activos son una de las 10 causas principales de mortalidad, y provocan cerca de 2 millones de muertes anuales en el mundo. Consejos para enfrentar este mal son dar paseos diarios de media hora, carreras de 15 minutos y hacer rutas en bicicleta. El organismo humano está diseñado para el ejercicio constante, para adaptarse al medio que le rodea; cuando deja de hacerlo sistemáticamente se atrofian los tejidos, músculos y tendones, se favorece el deterioro de la salud y aumenta el riesgo de sufrir dolencias crónicas como las cardiovasculares, diabetes II y obesidad. La actividad física no sólo afecta positivamente al cuerpo; también mejora la salud de la mente. Según un estudio de la Universidad de Florida, practicar un ejercicio suave de modo regular a lo largo de la vida, disminuye el envejecimiento de las células del cerebro. Una dieta baja en calorías puede retardar el envejecimiento del corazón, según estudios previos en ratas que demuestran los beneficios cardíacos de la dieta restrictiva en calorías. El estudio examinó la función cardíaca en 25 personas de entre 41 y 64 años, que consumen entre 1.400 y 2.000 calorías diarias, comparados con 25 personas sometidas a una dieta alimenticia típica de EEUU, que oscila entre 2.000 y 3.000 calorías diarias. Los que limitaban la ingesta calórica presentaban funciones cardíacas más acordes con personas más jóvenes, cerca de 15 años más que las correspondientes a su edad. Exámenes por ultrasonidos mostraron que un grupo de personas tenía corazones que parecían más elásticos que los de la mayorìa de las personas de su edad; sus corazones eran además capaces de volver a un pulso normal de modo similar a los de personas más jóvenes. Este es el primer estudio que demuestra que la restricción de calorías a largo plazo con una nutrición adecuada tiene efectos cardioespecíficos que retrasan o revierten el declive de las funciones del corazón asociadas a la edad. No se trata solo de consumir menos comida. Los miembros del estudio ingerían una dieta mediterránea, centrada en verduras, aceite de oliva, pescado y fruta. Estaban excluidas las comidas precocinadas, refrescos, postres y el pan blanco. El Mundo - Europa Press
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