Fuente:
Revista LA NACION ----
Nota relacionada:> Temblor Prematuro
Michael
J. Fox, el eterno optimista
"El Parkinson me hizo mejor marido, mejor padre y mejor
ser humano". A 25 años del film Volver al futuro,
el actor encabeza una activa lucha contra una enfermedad
de la vejez que le cambió la vida cuando era muy
joven
Al principio lo hundió en la bebida y la depresión.
Ahora, pasados 12 años desde que lo dio a conocer
públicamente, Michael J. Fox dice que la enfermedad
de Parkinson lo hizo mejor esposo, padre y ser humano.
Es
muy conmovedor ver los rasgos juveniles de Fox en la pantalla,
nuevamente como protagonista de la película Volver
al futuro (1985), que se reestrenó para celebrar
su cuarto de siglo. Este es el film que convirtió
al canadiense de la popular serie de TV Lazos familiares
en una superestrella del cine, fijándolo en la mente
del público como Marty McFly, aquel muchacho de 17
años al que le gustaba viajar en el tiempo y andar
en skate. Solamente seis años más tarde, en
1991, a Fox le diagnosticaron Parkinson. Tenía 29
años y una enfermedad asociada generalmente con la
vejez: una terrible ironía del destino para el hombre
que se había hecho famoso como un adolescente en
inquieto viaje a través del tiempo.
Al
principio, el actor no pudo asimilar la noticia. "Había
estado bebiendo demasiado y viviendo una vida acelerada
antes de eso, y el diagnóstico me volvió aún
más idiota", recuerda. "El alcohol, la
depresión y el creciente dolor me aislaron de mi
esposa Tracy y de mi hijo Sam Michael. Toqué fondo."
Pero
en un raro momento de lucidez advirtió que su vida
dependía de él mismo. "Por eso me recuperé
-dice-. De hecho, el Parkinson me hizo mejor persona. Mejor
marido, mejor padre y mejor ser humano. La vida me impuso
una catástrofe, pero encontré la riqueza de
mi alma. Se lo debo al Parkinson; no hay duda de eso."
El
relanzamiento de la película en los cines del mundo
marca el 25° aniversario. También se acaban de
editar en blu-ray las tres películas de la serie
(en la Argentina, AVH lanzó hace quince días
una edición especial en DVD, con más de dos
horas de material extra, y la opción de adquirir
la trilogía completa).
Fox,
que cumplirá cincuenta años en junio del año
que viene, se ve mucho más joven que eso, gracias
a su físico cuidado y a su famosa estatura. "Ojala
tuviera una moneda por cada vez que me han llamado diminuto;
no lo soy, sólo muy bajo", se ríe.
Tiene
unas cuantas arrugas más en el rostro, pero el encanto
y el humor que fueron su marca en películas como
El secreto de mi éxito y Muchacho lobo siguen muy
a la vista. También se ve bien gracias a su medicación,
que parece tener controlada la enfermedad. Hoy sufre ligeros
temblores, y ocasionalmente se toma la pierna para afirmarse.
Rara vez da entrevistas, ya que el Parkinson le dificulta
el habla, pero su gratitud por la película que lo
hizo estrella lo alentó a recordar aquello que se
convirtió en la piedra angular de su vida.
"Por
empezar, me hizo realmente famoso", sonríe.
"No puedo pensar una sola cosa negativa. Me cambió
la vida, y abrió tantas oportunidades para mí
que estoy agradecido para siempre. A la gente le sigue gustando
y se les enciende la mirada. Estuve en Asia, Africa, Europa
y la semana pasada en Tailandia, y la gente sigue hablando
de la película."
Pero
todo podría haber sido muy diferente. Originalmente,
el rol de Marty estaba a cargo de Eric Stoltz, a quien echaron
cuando el director del film, Robert Zemeckis, y el productor,
Steven Spielberg, consideraron que no era lo suficientemente
gracioso.
De
lobizón a aventurero
A Fox, con pelo igualmente flotante y aspecto juvenil y
buen mozo, le pidieron que lo reemplazara. "Yo estaba
filmando Muchacho lobo. Tenía pelo en toda la cara
y bebía mi almuerzo con una pajita, mientras mi amigo
Crispin Glover filmaba Volver al futuro. ¿Por qué
él hace una película tan linda y yo hago una
de lobizones?, me preguntaba. Y entonces me llamaron para
hacer de Marty. Estaba en el estudio, dos días más
tarde, con llamas entre mis pies y escuchando a Christopher
Lloyd corriendo y gritando."
Lloyd,
un actor de Broadway que antes de aceptar el papel tiró
el guión a la basura, hizo de Doc Brown, el científico
alocado, mentor de Marty, que construye una máquina
para viajar en el tiempo en un auto DeLorean.
La
historia cuenta que cuando el adolescente intrépido
sube a la máquina y viaja hasta 1955, se encuentra
con sus padres, George y Lorraine, muy jóvenes (representados
por los actores Crispin Glover y Lea Thompson), y, cosa
retorcida, Lorraine, en vez de enamorarse de su futuro marido,
termina enamorada de su propio hijo. Como se pregunta Marty
desde la pantalla: "¿Estás diciéndome
que mi madre quiere salir conmigo?". Finalmente, logra
que las cosas se encarrilen entre sus padres y que ellos
vuelvan a flirtear.
"Sabía
que estábamos haciendo un buen film, pero no era
objetivo. Estaba en Inglaterra trabajando para la televisión
cuando se estrenó Volver al futuro en los Estados
Unidos, y me llamaban diciendo: «No te imaginás
el impacto que es esto»."
La
película fue la más taquillera de 1985 y transformó
definitivamente la vida de Fox. Una de las claves su éxito
es que funciona a dos niveles. El viaje en el tiempo, el
pelo alocado de Doc y los aparatejos la hacen una fiesta
acelerada para chicos. Pero cuando se la vuelve a ver de
adulto a uno le llaman la atención temas más
profundos, como la excitación que sentimos porque
el protagonista cambia su propio destino, dándonos
cuenta de que el futuro no tiene por qué estar trabado
por los errores pasados de nuestros padres.
La
pregunta podría ser cómo se siente Fox viéndose
joven en la pantalla. "Cualquier noche de zapping la
puedo encontrar en algún canal. Antes apagaba el
televisor. Ahora miro diez o quince minutos, no con nostalgia,
sino simplemente para recordar cómo era. Y no es
algo que me haya dejado un sabor amargo ni extraño.
Entonces fue bueno como parte del camino para llegar a este
presente que es fantástico. Estoy feliz de estar
en el futuro, por así decirlo."
Fox
notó los primeros síntomas de su enfermedad
en 1990, mientras filmaba Doc Hollywood. La rigidez en uno
de los dedos de su mano izquierda fue considerada por un
neurólogo como resultado de un golpe en la columna.
Algo sin importancia. Seis meses más tarde, cuando
el problema había trepado por su brazo hasta su hombro
y comenzó a tener temblores, el diagnóstico
fue muy duro: tenía la enfermedad de Parkinson.
Siguió
trabajando en películas como Presidente americano,
junto a Michael Douglas, y en la brillante comedia de ciencia
ficción de Tim Burton ¡Marte ataca!, controlando
los síntomas con medicación, mientras trataba
de mantener en secreto su enfermedad.
Para
cuando filmaba la comedia televisiva Spin City, en 1998,
en los Estados Unidos, en el estudio tenían que esperar
a que se calmaran sus síntomas. "Me acostaba
en el camarín sobre la alfombra -escribió
en sus memorias en 2002-, agitándome y girando, tratando
de hacer que mis neurorreceptores aceptaran la medicación
que había tomado." Eventualmente, con su vida
familiar conmocionada, decidió ordenar sus cosas.
Entonces, el mismo año habló en público
de su enfermedad.
Le
reconoce a su esposa, la actriz Tracy Pollan, el haberlo
ayudado en estos tiempos difíciles. Se casaron en
1988 y tuvieron su hijo Sam Michael, ahora de 21 años,
antes del diagnóstico. Pero luego de confiar sus
temores a su mujer y atender a sus problemas en Alcohólicos
Anónimos y con terapia, Fox dice: "Volví
a la vida: fue muy rápido". La pareja tuvo tres
hijos más: las mellizas Aquinah Kathleen y Schuyler
Frances, de 15, y Esme Annabelle, de nueve.
Sus
hijos han visto Volver al futuro, por supuesto. El dice:
"Están viendo a su papá, así que
probablemente les dé vergüenza". Pero no
tanto como les daría si volvieran al pasado y vieran
a mamá y papá cuando se conocieron...
Por
Lina Das / Daily Mail / The Interview People
revista@lanacion.com.ar
Traducción: Gabriel Zadunaisky
EL
SECRETO DE SU EXITO
Michael Andrew Fox nació el 9 de junio de 1961 en
Edmonton, Alberta, Canadá. Junto con su padre, Bill
Fox, que era militar; su madre, Phillys, actriz; su hermano
Steven y sus tres hermanas, se trasladó a Vancouver.
Desde muy chico, Michael demostró interés
por la actuación. El primer gran paso lo dio en 1976,
con Leo and me, una popular serie de su país. A los
18 años, y ya como Michael J. Fox -la "J"
es en honor al comediante Michael J. Pollard- se trasladó
a los Estados Unidos.
Luego
de participar en telefilms y en varios episodios sueltos
de diferentes series, a Fox le llegó la gran oportunidad
de su carrera: Lazos familiares. Tras el rechazo de Matthew
Broderick, Michael se quedó con el personaje de Alex
P. Keaton. En el set conoció a la que hoy sigue siendo
su mujer, la actriz Tracy Pollan.
Pronto
su nombre se hizo grande en títulos como Volver al
futuro (1985), Muchacho lobo (1985), El secreto de mi éxito
(1987) y el drama bélico de Brian de Palma Pecados
de guerra (1989), en el que compartió cartel con
Sean Penn y le permitió explorar el terreno dramático.
En los años 90, regresó a la televisión
con Spin City (1996), que cuatro años después
abandonó por su enfermedad. Desde su retiro, Fox
realiza participaciones en diferentes series.
ENTRE
LA ACTUACION Y LA LUCHA
Si a uno le dijeran que, "sin repetir y sin soplar",
tiene que nombrar diez personajes inolvidables de la televisión
y del cine de la década del 80, no hay duda de que
en los primeros puestos estaría Michael J. Fox con
Alex P. Keaton, el ultraconservador de Lazos familiares,
y Marty McFly, con la trilogía de Volver al futuro.
Su eterna cara de adolescente y su baja estatura (1,64 metros)
fueron un sello indiscutido de la década. No por
nada, en 1985 Pepsi lo tuvo como protagonista en una de
las campañas más recordadas de su historia.
Es
cierto que nunca demostró ser un gran actor y que
aún hoy resulta imposible no detectar al hilarante
Alex P. Keaton en cada una de sus participaciones. Sin embargo,
su carisma lo convirtió en uno de los hombres más
queridos del ambiente. Fue Spin City su último protagónico.
En el episodio final de esa serie, el actor se permitió
salir del personaje para hablar directamente al espectador.
"Dejo la serie por un nuevo trabajo: buscar una cura
para el mal de Parkinson", se sinceró. Su anuncio
se escuchó en el mundo entero. Desde entonces, hizo
participaciones ocasionales porque, según dice, no
puede pasar tanto tiempo "sin pisar un set". Por
eso, se lo pudo ver en Scrubs (2004), Justicia ciega (2006),
Rescue Me (2009) y The Good Wife (2010). Su última
participación se emitirá en nuestro país
el miércoles 15 de este mes, a las 22, por Universal
Channel. Aquí, Fox interpreta a un abogado que sufre
una de las variantes del mal de Parkinson. En el papel,
el actor explora el descarado uso que hace de su enfermedad
para evocar la simpatía del jurado, algo similar
a lo que el propio Michael hizo en 2006, en un anuncio en
apoyo del Partido Demócrata. Su aparición
fue repudiada por muchos: Fox se mostraba con convulsiones
violentas y constantes, síntomas de la enfermedad
sin tratar. La lucha es su bandera, la actuación
sólo un medio.
Fabiana
Scherer
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